La IA está en todos lados y, sin embargo, la mayoría de la gente la usa para escribir un chiste y nada más. La pregunta que me interesa no es “¿qué puede hacer?”, sino “¿qué te conviene que haga hoy?”.
Estos son cinco usos que pasaron mi prueba: los uso todas las semanas y me ahorran tiempo real.
1. Resumir antes de leer
Antes de meterme en un documento largo, le pido un resumen con los puntos clave y las dudas que debería tener. No reemplaza leer: decide si vale la pena leer.
2. Segundo par de ojos en el código
No para que escriba todo, sino para que revise. “¿Qué se rompe acá? ¿Qué caso no estoy contemplando?”.
La IA es pésima jefa y excelente becaria. Le delegás lo tedioso, vos tomás las decisiones.
3. Convertir caos en estructura
Notas sueltas, ideas a medias, un audio transcripto. La IA es buenísima para ordenar eso en algo con forma.
4. Practicar conversaciones difíciles
Una negociación, una entrevista, un reclamo. Le pido que actúe del otro lado y me prepare. Suena raro, funciona increíble.
5. Aprender preguntando
Lo mejor de todo: un tutor infinito que no se cansa de explicarte lo mismo de cinco formas distintas hasta que cae la ficha.
La regla que no rompo
Si no puedo verificar la respuesta, no la uso para decidir.
La IA acelera, no garantiza. El criterio sigue siendo tuyo. Esa es, justamente, la parte que ningún modelo te puede reemplazar.
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